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SACADA DEL RECUERDO.
Vamos por parte. Todo comenzó cuando apenas corrían seis minutos de la primera fracción y el arbitro del encuentro, Francisco Caamaño, expulsó a dos jugadores del cuadro local por reclamos desmedidos. De ahí en adelante todo se desvirtuó. Linares quedó con nueve hombres en el terreno de juego y en las tribunas el ambiente comenzaba a enrarecerse, como avisando que un bochornoso final se acercaba de forma inevitable.
Sin duda que el más beneficiado con todo esto era el propio Everton. Los visitantes se aprovecharon de la desesperación del conjunto dueño de casa y comenzaron, lentamente, a monopolizar el trámite del pleito. Sin embargo, la poca claridad del mediocampo oro y cielo hacía que las embestidas al pórtico de Linares se diluyeran a medida que el balón llegaba a la entrada del área grande. Es así como claras oportunidades de gol no existieron para el cuadro forastero sino hasta el minuto 32, cuando Camilo Rozas aprovechó un pivoteo del paraguayo Martínez, aunque su tiro salió desviado del arco defendido por Juan Moya. Hasta ahí, todo rayaba en la normalidad, y ni siquiera la vehemente actitud de un funcionario de Deportes Linares, que a través de los altoparlantes insitaba a lanzar insultos al árbitro, hacía presagiar lo que estaba por ocurrir.
Claro, mientras el elenco local mantuviera el cero en su arco, las diatribas del público quedarían sólo en eso, en los insultos que domingo a domingo se escuchan en todos los estadios del país. Mientras tanto, la escuadra de Jaime Zapata seguía dominado el partido pero sin llevar mayor peligro a la estantería local. El técnico oro y cielo optó así por agotar su primer cambio, lo que significó el ingreso de Rodrigo Bravo por Angelo Soarace para aumentar el volumen ofensivo de su equipo. Los descuelgues por los costados eran constantes a través de Marcelo Alvarez y el mismo Bravo, pero ninguna de las pelotas que cruzaban el área chica de Linares lograba ser capitalizada por los forasteros. En tanto -y como era de presumir- el golero azulamarillo, Camilo Benzi, era un simple espectador de la brega, y sólo se mantenía alerta para los esporádicos contragolpes del cuadro huaso.
SIGUEN LAS EXPULSIONES
Everton comenzó la etapa final con el juvenil Marco Plaza en la cancha. La idea era ordenar el juego desde atrás y no caer en la trampa defensiva de los locales. Y es que Zapata no tenía otra alternativa. Con semejante ventaja numérica no se podía dejar pasar la oportunidad de conseguir tres unidades que dejarían a Everton a sólo cinco puntos del segundo lugar. El escenario no podía ser más ideal; jugar frente a un cuadro diezmado a más no poder y sumido en el fondo de la tabla. Si no era ahora... nunca.
Pero aún faltaba algo más. Tras una fuerte infracción sobre Rozas, el juez Francisco Caamaño expulsó a Sebastián Riquelme y Deportes Linares se quedó con 8 jugadores en la cancha. La exasperación se adueñó del público y el único que buscaba la calma dentro del terreno de juego era el técnico de los anfitriones, Rolando García. A esas alturas, era evidente que el partido se le había escapado de las manos a Caamaño y que el fútbol ya no era el principal protagonista del espectáculo.
LA DEBACLE
Junto con los primeros proyectiles llegó el gol de Everton. Y mientras Rodrigo Ríos celebraba la apertura del marcador, en las enardecidas tribunas del municipal linarense se comenzaba a gestar la debacle. Danilo Figueroa fue expulsado por aplaudir al árbitro y dejó a Linares con 7 hombres y en la cabeza del guardalíneas Gonzalo Cádiz cayó un proyectil que lo dejó tirado al borde de la cancha. A esas alturas los pasapelotas ya no existían y el caos llegaba a tal punto que el propio Rodrigo Ríos junto a Marco Plaza tuvieron que sacar al juez asistente en la camilla.
Francisco Caamaño hizo lo lógico y suspendió el compromiso por falta de garantías. Los jugadores viñamarinos se refugiaron de las piedras en el vestuario visitante, hasta donde también arribaron los desprotejidos hinchas viñamarinos, quienes con impotencia veían cómo el bus en donde habían viajado era despedazado por los iracundos seguidores locales.
Al final, el triunfo sobre Linares que deja a Everton a cinco unidades del sublíder Cobresal, pasó a ser sólo la anécdota de un partido que terminó con un árbitro asistente hospitalizado, un bus prácticamente destruido y un equipo oro y cielo que debió permanecer por más de una hora encerrado en su camarín para iniciar el camino de regreso a la Ciudad Jardín.
PD: Este es un aporte de un hincha linarense, quien recordo estos momentos en el libro de visitas del sitio web de Deportes Linares www.deportes.linares.tk
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